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Los estados que Clinton y Trump necesitan seducir para ganar la Presidencia de EEUU

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¿Quién decidirá en la elección del 8 de noviembre a quien ocupará la Presidencia de Estados Unidos? Ciertamente los ciudadanos que participen en los comicios en general, pero las peculiaridades electorales del país provocarán que, en la práctica, sean los votantes de un puñado de estados los que al final inclinarán la balanza hacia Hillary Clinton o Donald Trump.

Algunos de esos estados ‘indecisos’ o ‘campos de batalla’ en la elección de 2016 lo han sido en varios procesos electorales anteriores (Florida u Ohio, por ejemplo) pero la dinámica de los presentes comicios y el perfil de sus candidatos parece propiciar que estados que antes no eran considerados decisivos lo podrían ser en esta ocasión. Esa es, en realidad, la mayor apuesta de Trump de cara a la elección general, aunque Clinton también tiene oportunidades al respecto.

En esos pocos estados, incluso a veces en ciertos condados y ciudades de ellos, tendrán lugar previsiblemente los actos y los gastos de campaña más intensos de ambos candidatos.

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Simpatizantes de Donald Trump en Michigan, un estado de tendencia demócrata que el magnate tratará de atraer a su causa. (AP)

Las elecciones presidenciales en Estados Unidos son indirectas: si bien los ciudadanos en cada estado votan por el candidato de su preferencia, el que recibe más votos a escala estatal se queda con la totalidad de los votos electorales asignados a cada estado (salvo los casos de Maine y Nebraska, donde hay un sistema de asignación mixto estatal/distrital) y la suma de todos ellos a la postre define a la persona que ocupará la Casa Blanca.

En total se asignan 538 votos electorales y se requieren 270 al menos para ser electo presidente de Estados Unidos. Cada estado tiene tantos votos electorales como congresistas federales (representantes y senadores) y el Distrito Columbia (que carece de representación plena en el Congreso) cuenta con tres.

Pero la asignación a nivel estatal implica que estados donde los ciudadanos son en una mayoría sustancial votantes de un partido, la elección no resulta en ellos competitiva y sus votos electorales están, en términos llanos, virtualmente decididos.

Ciertamente la elección debe primero tener lugar y nada está ganado de antemano, pero estadísticamente es posible identificar los estados donde el triunfo de un candidato es “seguro” y, por ende, sus respectivos votos electorales se añaden en cierto modo en automático a la cuenta tentativa rumbo a los 270 votos electorales necesarios para triunfar. 

Por solo dar unos ejemplos, California y Nueva York son estados de amplia mayoría demócrata, mientras que Texas o Alabama lo son del lado republicano. Salvo una circunstancia insólita e improbable, Clinton y Trump tendrían ya en la bolsa los votos electorales de esos estados “azules” (demócratas) y “rojos” (republicanos).

Por ello, son en los estados indecisos, en los que no hay un partido con mayoría amplia o incluso hay empate, donde se deciden las elecciones presidenciales. En 2016 estados indecisos clásicos como Ohio y Florida serán nuevamente cruciales, y es probable que en ellos se defina la elección. 

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Hillary Clinton recibió el respaldo del presidente Obama en  Carolina del Norte, estado que votó republicano en 2012 pero podría volverse demócrata. (Reuters)

 

Pero otros nueve estados también serán de alto impacto, al menos hipotéticamente: Carolina del Norte, Colorado, Iowa, Michigan, Nevada, New Hampshire, Pennsylvania, Virginia y Wisconsin. En ellos la intención de voto por los demócratas o republicanos está empatada o cercana una de otra, de modo que es factible o al menos concebible orientarla hacia uno u otro candidato durante la campaña.

Lograr esos desplazamientos implica esfuerzos y probabilidades diferentes. A diferencia de otras elecciones, en 2016 se ha considerado que Michigan y Pennsylvania serán estados con una elección competida, algo que no fue el caso en 2012 (elección en la que los indecisos fueron Carolina del Norte, Colorado, Florida, Iowa, Nevada, New Hampshire, Ohio, Pennsylvania y Wisconsin) pero sí en 2008. En 2008, además de todos los mencionados se añadió en algunos análisis a Missouri, Nuevo México, New Jersey y Oregon.

Pero en 2016 Michigan y Pennsylvania, junto a Ohio y Wisconsin e incluso Iowa, son considerados el nuevo frente de batalla de la elección pues en ellos existe una amplia población anglosajona de clase media o baja que se siente agraviada por la pérdida de empleos y oportunidades económicas y es sensible al discurso antiinmigrante y comercialmente proteccionista de Trump. 

Allí, donde otrora se situaron grandes industrias del acero, del carbón, del automóvil y de la manufactura, los votantes podrían orientarse mayoritariamente hacia Trump y dejar el bando demócrata (todos esos estados fueron ganados por Obama en 2012 y 2008, si bien George W. Bush ganó Iowa y Ohio en 2004).

Esa sería, al menos, la gran estrategia de Trump: arrebatarle a los demócratas la mayor cantidad posible de esos estados del Medio Oeste y por ello el énfasis, reiterado al aceptar la nominación republicana, en su discurso proteccionista, nacionalista, antiinmigrante y contrario a la globalización comercial y a los tratados internacionales de libre comercio (causantes, a sus ojos, de la pérdida de empleos e industrias en esas regiones).

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Un evento de campaña de Trump en un área industrial de Pennsylvania, estado demócrata que el magnate busca ganar para lograr la Presidencia. (AP)

La posibilidad de ese cambio de azul a rojo existe, aunque lograrlo es difícil y hasta el momento las encuestas indican que esos estados siguen inclinándose hacia Clinton y no hacia Trump. Según los promedios de encuestas más recientes de RealClearPolitics, Clinton está arriba en Michigan, Pennsylvania, Ohio y Iowa (por muy poco) y Wisconsin, y también en otros estados indecisos como Carolina del Norte, New Hampshire y Virginia. En Florida, Trump se ha colocado arriba con una ventaja mínima.

Las encuestas son cambiantes y en el presente momento tienen una alta carga de incertidumbre, pero son tendencias que muestran que arrebatarle esos estados a los demócratas será complicado (sobre todo Wisconsin y Michigan), aunque no imposible, para Trump (que tiene mejores posibilidades en Ohio y Pennsylvania).

En contrapartida, la ventaja de Clinton en las encuestas en Carolina del Norte, un estado que ganaron los republicanos en 2012, altera esa matemática: si Clinton gana ese estado triunfos de Trump en Ohio y Pennsylvania no le serían suficientes (incluso añadiéndole a su cuenta otros estados indecisos como Colorado, Nevada, New Hampshire y Virginia, lo que no es nada fácil) y todo acabaría dependiendo del triunfo en Florida.

Con todo, sumar esos estados resulta sencillo en el papel, pero no lo es necesariamente en la práctica. De acuerdo a FiveThirtyEight, por ejemplo, actualmente Clinton tiene posibilidades de 55% o más de ganar en Colorado, Michigan, Pennsylvania, Virginia y Wisconsin. Con esos estados más los estados demócratas “seguros”, a Clinton le bastaría con ganar solo un estado más –Carolina del Norte, Florida, Iowa, Nevada, Ohio o New Hampshire– para ser electa presidenta. Pero según FiveThirthyEight, tras el reciente avance de Trump en las encuestas, Clinton va detrás en todos ellos, si bien en algunos por pequeño margen.

La campaña presidencial formal apenas comienza y esas tendencias podrán cambiar, ampliarse o reducirse. Lo que parece cierto es que si bien Trump se ha pertrechado de un discurso y un impulso específico para atraerse a los votantes de Pennsylvania y los estados del Medio Oeste, el camino luce un poco más despejado para Clinton que para el magnate.

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